Y perdió su ruta el olvido, la nieve que apaga el fuego de este amor acaso se quedó atascada y mientras ... ¡yo moría! No supe cuándo ocurrió que me perdí en sus ojos de gitano, ni cuándo este frenesí empezó a ahogarme sin fin, aun sabiendo que este minúsculo sabor a felicidad era un sueño para mí. Y claro, eso pasó porque él, viendo todo dentro mío, idiota yo se lo mostré, desnudó mis más recónditos secretos. Fue esa conexión del alma, de los ojos, de la música, de la piel y de los sueños la que me condujo hasta las estepas de este amor, y como ellas, ardió en el verano cálido de su mocedad y se congeló en el invierno de su ausencia. Tal vez para el gitano, por su condición, no hubo la misma conexión. Mi confiabilidad feneció ante su volatilidad. Como los gitanos, el nomadismo envolvía su hado, con frenesí arrogante caminó siempre enmarañado entre su incapacidad de amar y los besos vacantes que todo el tiempo, antes, ahora, y siempre, se rendían a sus ojos. Mientras, con un...